martes, 9 de febrero de 2010

Alas

Yo ejercía entonces la Medicina, en Huamahuaca. Una tarde me trajeron un niño descalabrado: se había caído por el precipicio de un cerro. Cuando, para revisarlo, le quité el poncho, vi dos alas. Las examiné: estaban sanas. Apenas el niño pudo hablar le pregunté:

-¿Por que no volaste, m'hijo, al sentirte caer?

-¿Volar? -me dijo-. ¿Volar, para que la gente se ría de mí?

Enrique Anderson Imbert, en El Grimorio