Ednodio Quintero, en La muerte viaja a caballo
jueves, 4 de marzo de 2010
Venganza
Empezó con un ligero y tal vez accidental roce de dedos en los senos de ella. Luego un abrazo y el mirarse sorprendido. ¿Por qué ellos? ¿Qué oscuro designio los obligaba a reconocerse de pronto? Después largas noches y soleados días en inacabable y frenética fiebre. Cuando a ella se le notaron los síntomas de embarazo, el padre, enfurecido, gritó: -¡Venganza! Buscó la escopeta, llamó a su hijo y se la entregó diciéndole: lavarás con sangre la afrenta al honor de tu hermana. Él ensilló el caballo moro y se marchó del pueblo, escopeta al hombro. En sus ojos no brillaba la sed de venganza pero sí la tristeza de nunca regresar.
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