viernes, 5 de marzo de 2010

Fecundidad

Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta línea.

Augusto Monterroso

jueves, 4 de marzo de 2010

Venganza

Empezó con un ligero y tal vez accidental roce de dedos en los senos de ella. Luego un abrazo y el mirarse sorprendido. ¿Por qué ellos? ¿Qué oscuro designio los obligaba a reconocerse de pronto? Después largas noches y soleados días en inacabable y frenética fiebre. Cuando a ella se le notaron los síntomas de embarazo, el padre, enfurecido, gritó: -¡Venganza! Buscó la escopeta, llamó a su hijo y se la entregó diciéndole: lavarás con sangre la afrenta al honor de tu hermana. Él ensilló el caballo moro y se marchó del pueblo, escopeta al hombro. En sus ojos no brillaba la sed de venganza pero sí la tristeza de nunca regresar.

Ednodio Quintero, en La muerte viaja a caballo

miércoles, 3 de marzo de 2010

Memorias de Juan Charrasqueado

-Yo no lo maté: él solito se le atravesó a la bala.

José Emilio Pacheco

martes, 2 de marzo de 2010

Fábula de un animal invisible

El hecho -particular y sin importancia- de que no lo veas, no significa que no exista, o que no esté aquí, acechándote desde algún lugar de la página en blanco, preparado y ansioso de saltar sobre tu ceguera.

Wilfredo Machado

lunes, 1 de marzo de 2010

Curriculum vitae

A menudo un dictador es un revolucionario que hizo carrera. A menudo un revolucionario es un burgués que no la hizo.

Marco Denevi

domingo, 28 de febrero de 2010

"No murió..."

Nadie ha muerto en este mundo a causa del sufrimiento de los demás. En cuanto a quien pretendió morir por nosotros, no murió: lo mataron.

E.M. Cioran, en En las cimas de la desesperación

sábado, 27 de febrero de 2010

El tiempo no funciona cuando llega el amor

Mañana te estuve contemplando durante dos horas seguidas. Ayer me compraré dos ojos de repuesto y así seguir mirándote.

José Javier Alfaro, en Tiempo de amor

viernes, 26 de febrero de 2010

Un hombre iba en un avión

Un hombre iba en un avión. Por desgracia, se cayó. Por fortuna, tenía puesto un paracaídas. Por desgracia, no se abrió. Por fortuna, había un montón de heno debajo. Por desgracia, había una horca que sobresalía en el montón. Por fortuna, el hombre no cayó sobre la horca. Por desgracia tampoco lo hizo sobre le montón de heno.

No sé de quién es

jueves, 25 de febrero de 2010

Las uñas

Dóciles medias los halagan de día y zapatos de cuero claveteados los fortifican, pero los dedos de mi pie no quieren saberlo. No les interesa otra cosa que emitir uñas: láminas córneas, semitransparentes y elásticas, para defenderse ¿de quién? Brutos y desconfiados como ellos solos, no dejan un segundo de preparar ese tenue armamento. Rehúsan el universo y el éxtasis para seguir elaborando sin fin unas vanas puntas, que cercenan y vuelven a cercenar los bruscos tijeretazos de Solingen. A los noventa días crepusculares de encierro prenatal establecieron es única industria. Cuando yo esté guardado en la Recoleta, en una casa de color ceniciento provista de flores secas y de talismanes, continuarán su terco trabajo, hasta que los modere la corrupción. Ellos, y la barba en mi cara.

Jorge Luis Borges

miércoles, 24 de febrero de 2010

Retrato

Conozco a una muchacha generosa y valiente, siempre resuelta a sacrificarse, a perderlo todo, aun la vida, y luego a recapacitar, a recuperar parte de lo que dio con amplitud, a exaltar su ejemplo, a reprochar la flaqueza del prójimo, a cobrar hasta el último centavo.

Adolfo Bioy Casares

martes, 23 de febrero de 2010

(De)semejanzas

Todos los matices del sentimiento, del deseo hasta el amor, son posibles entre los seres, sean semejantes o desemejantes.

Maurice Blanchot, en La comunidad inconfesable

lunes, 22 de febrero de 2010

La salvación

Ésta es una historia de tiempo y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extranjeros ilustres, en el extremo de la alameda de los filósofos decapitados, el escultor presentó su última obra: una náyade que era una fuente. Mientras abundaba en explicaciones técnicas y disfrutaba de la embriaguez del triunfo, el artista advirtió en el hermosos rostro de su protector una sombra amenazadora. Comprendió la causa. "¿Cómo un ser tan ínfimo -sin duda estaba pensando el tirano- es capaz de lo que yo, pastor de pueblos, soy incapaz?" Entonces un pájaro que bebía en la fuente, huyó alborozado por el aire y el escultor descubrió la idea que lo salvaría. "Por humildes que sean -dijo indicando al pájaro-, hay que reconocer que vuelan mejor que nosotros."

Adolfo Bioy Casares

domingo, 21 de febrero de 2010

Su amor no era sencillo

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.

Mario Benedetti

sábado, 20 de febrero de 2010

La uña

El cementerio está cerca. La uña del meñique derecho de Pedro Pérez, enterrado ayer, empezó a crecer tan pronto como colocaron la losa. Como el féretro era de mala calidad (pidieron el ataúd más barato) la garfa no tuvo dificultad para despuntar deslizándose hacia la pared de la casa. Allí serpenteó hasta la ventana del dormitorio, se metió entre el montante y la peana, resbaló por el suelo escondiéndose tras la cómoda hasta el recodo de la pared para seguir tras la mesilla de noche y subir por la orilla del cabecero de la cama. Casi de un salto atravesó la garganta de Lucía, que ni ¡ay! dijo, para tirarse hacia la de Miguel, traspasándola.

Fue lo menos que pudo hacer el difunto: también es cuerno la uña.

Max Aub

viernes, 19 de febrero de 2010

Camélidos

El pelo de la llama es de impalpable suavidad, pero sus tenues guedejas están cinceladas por el duro viento de las montañas, donde ella se pasea con arrogancia, levantando el cuello esbelto para que sus ojos se llenen de lejanía, para que su fina nariz absorba todavía más alto la destilación suprema del aire enrarecido.

Al nivel del mar, apegado a una superficie ardorosa, el camello parece una pequeña góndola de asbesto que rema lentamente y a cuatro patas el oleaje de la arena, mientras el viento desértico golpea el macizo velamen de sus jorobas.

Para el que tiene sed, el camello guarda en sus entrañas rocosas la última veta de la humedad; para el solitario, la llama afelpada, redonda y femenina, finge los andares y la gracia de una mujer ilusoria.


Juan José Arreola

jueves, 18 de febrero de 2010

Cabalgando

Monté una yegua y tuvimos un centauro.

Áloe Azid

miércoles, 17 de febrero de 2010

El monte

Cuando Juan salió al campo, aquella mañana tranquila, la montaña ya no estaba. La llanura se abría nueva, magnífica, enorme, bajo el sol naciente, dorada. Allí, de memoria de hombre, siempre hubo un monte, cónico, peludo, sucio, terroso, grande, inútil, feo. Ahora, al amanecer, había desaparecido.

Le pareció bien a Juan. Por fin había sucedido algo que valía la pena, de acuerdo con sus ideas.

-Ya te decía yo -le dijo a su mujer.

-Pues es verdad. Así podremos ir más deprisa a casa de mi hermana.

Max Aub

martes, 16 de febrero de 2010

"La última vez..."

La última vez que nos encontramos Jorge Luis Borges y yo, estábamos muertos. Para distraernos, nos pusimos a hablar de la eternidad.

Juan José Arreola

lunes, 15 de febrero de 2010

Sadismo y masoquismo

Escena en el Infierno. Sacher-Masoch se acerca al marqués de Sade y, masoquísticamente, le ruega:

-¡Pégame, pégame! ¡Pégame fuerte, que me gusta!

El marqués de Sade levanta el puño, va a pegarle, pero se contiene a tiempo y, con la boca y la mirada crueles, sadísticamente le dice:

-No.

Enrique Anderson Imbert

domingo, 14 de febrero de 2010

Corrección cinematográfica

Cuando el aterrado público esperaba ver al inmenso King-Kong tomar entre sus manazas a la hermosa Fay Wray, el gorila con paso firme salió de la pantalla y, pisoteando gente que no atinaba a ponerse a salvo, buscó por las calles neoyorquina hasta que por fin dio con una película de Tarzán. Sin titubeos -y sin comprar boleto-, con toda fiereza, destrozando butacas y matando espectadores, se introdujo en el film y, una vez dentro, ansiosamente buscó a su verdadero amor.

René Avilés Fabila

sábado, 13 de febrero de 2010

El cigarrillo

El nuevo cigarrero del zaguán -flaco, astuto- lo miró burlonamente al venderle el atado. Juan entró en su cuarto, se tendió en la cama para descansar en la oscuridad y encendió en la boca un cigarrillo. Se sintió furiosamente chupado. No pudo resistir. El cigarro lo fue fumando con violencia; y lanzaba espantosas bocanadas de pedazos de hombre convertidos en humo. Encima de la cama el cuerpo se le fue desmoronando en ceniza, desde los pies, mientras la habitación se llenaba de nubes violáceas.

Enrique Anderson Imbert

viernes, 12 de febrero de 2010

"La contemplación no descansa..."

La contemplación no descansa hasta que encuentra el objeto de su ceguera.

Konrad Weiss, en Sobre la pobreza de espíritu

jueves, 11 de febrero de 2010

Tabú

El ángel de la guarda le susurra a Fabián, por detrás del hombro:

-¡Cuidado, Fabián! Está dispuesto que mueras en cuanto pronuncies la palabra zangolotino.

-¿Zangolotino? -pregunta Fabián azorado.

Y muere.

Enrique Anderson Imbert

miércoles, 10 de febrero de 2010

Ataque masivo

El enemigo estaba allí, fuertemente atrincherado y protegido por numerosas baterías, que cubrían con su fuego todo el valle. Era preciso atravesarlo con cargas furiosas de la caballería. El Alto Estado Mayor calculó que serían precisas cinco oleadas, cada una de ellas con cinco mil hombres. Teniendo en cuenta que el enemigo causaría un sesenta o setenta por ciento de bajas, era lógico suponer que la quinta oleada llegaría a su destino. Dadas las órdenes pertinentes se iniciaron las cargas. La batalla no se desarrolló según el cálculo previsto y lo cierto es que para la supuesta última y definitiva oleada sólo quedaban dos soldados. Preguntaron éstos si la carga tenían que hacerla al galope forzosamente, como las anteriores. Vistas las circunstancias, se les dio plena libertad para hacer lo que quisieran. Y los dos soldados, pie a tierra, cansadamente, arrastrando de la brida a sus respectivos caballos, se lanzaron contra el enemigo, hablando tranquilamente de sus cosas...

José Manuel Alonso Ibarrola

martes, 9 de febrero de 2010

Alas

Yo ejercía entonces la Medicina, en Huamahuaca. Una tarde me trajeron un niño descalabrado: se había caído por el precipicio de un cerro. Cuando, para revisarlo, le quité el poncho, vi dos alas. Las examiné: estaban sanas. Apenas el niño pudo hablar le pregunté:

-¿Por que no volaste, m'hijo, al sentirte caer?

-¿Volar? -me dijo-. ¿Volar, para que la gente se ría de mí?

Enrique Anderson Imbert, en El Grimorio

lunes, 8 de febrero de 2010

El crimen de cada día

Alguien, no viste quién, abrió la puerta, y saliste con toda la vitalidad con que te fue posible hacerlo, pensando que la libertad estaba enfrente y que te daban por fin la posibilidad de disfrutarla. Obviamente, no la encontraste: contra lo que esperabas, sólo hallaste un lugar más espacioso, paredes infranqueables, y varios hombres a los que hasta entonces jamás habías visto, con la crueldad dispuesta y el más feroz de los sadismos preparado. Después, fueron quince minutos, veinte tal vez, de auténtico martirio, en los que tuviste ocasión de conocer sobre tu cuerpo la violencia, y supiste del terrible extremo a que es capaz de llegar en su brutalidad el hombre, de forma arbitraria y sin razón alguna que además lo justifique. Quizá, es probable, te preguntaste por qué lo hacían, cuál era la auténtica razón de que te torturaran de ese modo, o quizá, quién sabe, no llegaste a preguntarte nada, pues, como ellos decían, ni sufrir podías, y pensar era una función para la que sólo ellos estaban capacitados. Después, cuando se cansaron, viste que uno de ellos, el más cruel posiblemente, se paraba frente a ti con su arma preparada, y tuviste la impresión de que el momento del fin estaba próximo. No dudaste: esperanzado, te arrancaste contra él con las pocas fuerzas de que disponías, y respiraste tranquilo al sentir en tu cuerpo la llegada de la muerte, el borbotón de sangre que, viniéndote de muy dentro, te inundó de golpe las fauces, desbordando generoso la glotis y la garganta. Después, no sentiste más, caíste al suelo como un fardo, y un clamor unánime atronó el ruedo, pidiendo, con rara y terrible unanimidad, que te cortaran las dos orejas y el rabo.

Carlos Alfaro, en Lecciones de cosas

domingo, 7 de febrero de 2010

"Mira, es una carta piedra..."

Mira, es una carta piedra. Hace tiempo, antes de que la gente creara la escritura, se enviaba una piedra que reflejaba los sentimientos que tenías. Por su peso y por su tacto, quien la recibía sabía como te sentías. Si la piedra era lisa, se podía deducir que eras feliz; si era rugosa, que estabas preocupado por algo.

¿Qué has sentido?

Daigo Kobayashi, en Despedidas

sábado, 6 de febrero de 2010

"Me ha llevado media hora..."

Me ha llevado media hora de trabajo, estoy lleno de tierra y de pelusas. No barrés nunca debajo de la cama. Peor, barrés el cuarto y metés la basura debajo de la cama. Acabo de descubrirlo. Mi amor es también así, materias sueltas que se juntan y aglutinan y conglomeran y yustaponen. Además, yo sudo, cosa que no le ocurre a la basura.

Julio Cortázar, en La araña

viernes, 5 de febrero de 2010

A Circe

¡Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Mas no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme. En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante por las aguas.

¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.

Julio Torri, en De fusilamientos